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lunes, 30 de abril de 2012

Tempus fugit, velut umbra...


   Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra. El tiempo vuela, como las nubes, como las aves, como las sombras. El lenguaje nos ayuda a expresar aquello que, a veces, no sabemos hacer de otra forma. El tiempo ha pasado esta semana (como todas, por otra parte) de manera ágil pero intensa. Perece que fuera ayer cuando presenciábamos, con los dientes apretados, otra edición de El Clásico. Un Clásico que había cobrado más lustre y se había quitado de encima la capa de cansino y trabado de las últimas ediciones.

   Un Clásico liberador para los madridistas y no castrador como venía siendo habitual. El Madrí plantó cara y venció a su eterno rival, en su casa, dando un golpe sobre la mesa de la Liga y cerrando la partida y la timba con una escalera de color digna de Los Pelayos. Los de Mourinho fueron como Paul Newman timando al Pez Gordo en aquel tren con destino a Chicago en el que se fraguaba el primer paso de “El Golpe”. Un bar en plena calle Fuencarral, abarrotado pero en un ambiente distendido. Un público dividido pero pasional en los momentos precisos. Un gentío entregado, al otro lado de la cristalera, en plena calle, arremolinados y con cervezas en la mano mirando la misma pantalla. Para que luego digan que El Clásico aburre, ¡JÁ! Unas amigas de todos los colores y condiciones unidas en torno a la fiesta del fútbol, que arrastra, te apasione o no desde la tierna infancia.

   En este ambiente, el gol de Khedira se vivió como una fiesta en sí mismo. YES, WE CAN! ¿Quién dijo que el Madrí no podía ganarle al Barça y en el Camp Nou? Los primeros minutos los merengues enseñaron la patita por debajo de la puerta. Esta vez era La Vez. Un gran planteamiento táctico, con presión intensa y arriba fue acogotando a un Barça que le costaba coger balón y tocar. Rapidez defensiva con líneas juntas en el bando blanco, cosa que faltó en la vuelta de semis contra el Bayern. La segunda mitad trajo el empate y la posesión blaugrana, sus fallos de cara al gol y la liberación madridista de manos de ÉL. 
Fuente: elcomercio.e3. pe
Cristiano, el que no aparecía en las noches importantes ha cambiado el papel por el de la aparición estelar en, directamente, todas las noches. 43 tantos lleva ya en Liga, superando el récord goleador que él mismo batió la temporada pasada.

Contragolpe, galopada y buena definición. Medio bar bramamos, media España hacía lo propio mientras los madridistas nos íbamos despojando del disfraz de perdedor que nos ha sido confeccionado a medida esos tres últimos años. Este equipo, este escudo imprimen carácter, lucha hasta el final y cuando Undiano pitó la alegría se desbordó y, la tranquilidad, también. Esto va por barrios y la que aquí suscribe sintió paz, alivio, catarsis. Felicidad aunque contenida. Aquel “manto de fracaso” al que aludía Jerry Maguire en sus momentos bajos había desaparecido. El Madrí volvía a salir victorioso, recuperaba su lugar y despedía con cajas destempladas la humillación culé y antimadridista en la que se había plantado. Tempus fugit, velut umbra. El tiempo vuela como las sombras.

Fuente: pulsociudadano.com
  Con media Liga en el bolsillo (o tres cuartos pero, perder 6 puntos de una ventaja de 10 me ha hecho más mesurosa), llegaban los partidos, igual de decisivos de Champions. Y, ¡Oh, sorpresa mayúscula: Final anglo-germana, ni rastro de acento catalá o deje madrileño! Todo un revival de aquellas batallas por la dominación ideológica y política de la Europa del primer tercio de siglo pasado. El Barça jugó, dominó el balón y la posesión pero no le sirvió para desmantelar una defensa inglesa formada por, prácticamente, sus 11 jugadores. Correcto trabajo defensivo pero menos potente que el planteado por el club blanco días antes. Un Chelsea con poco mordiente, sobre todo en la segunda mitad, culminó el batacazo culé con la escapada de Torres que se echó casi encima de Valdés, complicándose innecesariamente, pero al que desbordó para certificar el pase inglés a Munich. El fútbol es así, simplemente el que marca más goles es el que gana. Como sucedió al día siguiente en el Bernabeu. Contra un equipo más correoso, más duro, mejor equipo que el inglés, en esencia, el Madrid empezó fuerte hasta que marcó Cristiano, El Hombre, el primero de los goles.

El campo, a los madridistas, se les empezó a hacer molto longo como nos pasaría a los aficionados después. El Madrid bajó el pistón, le subió el temor, el mismo que tenían varios jugadores apercibidos que no iban “a por todas” en los 1 contra 1 por si acaso. Se fue echando para atrás pero con las líneas separadas, ergo, con muchos espacios abiertos. Ya, con el segundo de Cristiano, el equipo se fue haciendo incapaz. La portería de Neuer parecía más lejana, cada vez, y los alemanes empezaban a despertar con peligro por ambas bandas y con un Mario Gómez peligroso por prestancia pero sin estar del todo fino. Robben hizo las tablas superando, esta vez, pero por poco, a Casillas. Tampoco Ribery, cubierto esta vez por Marcelo, se lució. El medio campo del Madrid brillaba por su ausencia y las líneas juntas de El Clásico no aparecían. Pepe destacaba como maestro de ceremonias y se iban consumiendo los minutos.

Ambos equipos lo intentaban aunque ambos guardaban las formas por miedo a ser eliminados de una arremetida acercándose el final. Tablas y prórroga. Y, el desfibrilador preparado cargándose…Hasta el minuto 120, equilibrio de fuerzas, en un quiero y no puedo de ambos. Pitido final, penaltis. Se veía venir y el desfibrilador funcionando a pleno rendimiento. Nervios, miedo, esperanza. Un fallo, dos fallos. Una parada, dos paradas. Ramos cogiendo el balón para tirar. Tragedia mascada y servida. BOOM. Ese balón que todavía sigue buscando la Estación Espacial. Gol de Schweinsteiger. Fin del #RoadToMunich. El fútbol es así, insisto. 1 gol más que el rival, no se necesita más, ni menos.

A comerse la frustración. Frustración más incipiente con la clasificación para la Final de Bucarest de Atleti y Athletic. Unas semifinales excepcionales para una Final espléndida.

   Otra jornada de Liga con sendas victorias en el top: tres golitos en el mediodía del Bernabeu. Jugadas de tiralíneas, pases medidos de Reyes y Özil, potencia de El Gato pero agujeros en una única red. Siete golitos el Barça en la Calle del Payaso Fofó (contra el Rayo, en Vallecas, puntualizo), tiralíneas y combinaciones con Pedrito activo, Messi igualando los 43 goles de Cristiano, la vuelta de Afellay siete meses después, un bailecito polémico y un Rayo que tendrá que sudar para asegurarse la permanencia. Habrá que esperar al miércoles para ver si el Madrí aprovecha su segunda bola de partido y se lleva el título. Todo en una semana en la que Pep anunció su marcha, su desgaste ante una afició culé desolada.

   Y, curiosidades de la vida, el miércoles 2 de mayo, hará tres años de aquel fatídico 2-6 culé en tierra blanca donde comenzó la vorágine infernal de traumas y pesares. Tres años después, si el Madrí gana en San Mamés se proclamaría campeón de Liga, cerrando el círculo de horrores y celebrando la festividad madrileña ¿Os lo vais a perder? ;)

sábado, 24 de septiembre de 2011

Lionel VS Radamel

El duelo de esta noche entre el FC Barcelona y el Atlético de Madrid se prevé espectacular, como hacía tiempo que no se presentía. Los enfrentamientos entre azulgranas y rojiblancos siempre han dado espectáculo, siempre goles y siempre fútbol. El problema era que últimamente la exhibición, los goles y el fútbol sólo lo ponían los culés.

No sabemos qué pasará esta noche, pero el Atlético llega renovado, ilusionado, con un pichichi y un zamora dispuestos a continuar la buena racha. Y el Barça llega más tocado que de costumbre tras el último empate liguero, tablas que a más de uno le saben a derrota, mal acostumbrados como están los culés en los últimos tiempos de la era Guardiola. Por esa misma razón, el Atleti llega más ilusionado que nunca, acostumbrado como estaba a los sinsabores de las derrotas o a las victorias sufridas.

Pero ah, en los clásicos como éstos el pasado no importa y las estadísticas se diluyen, todos quedamos como en suspenso. Hasta la Teoría de la Relatividad de Einstein, en entredicho ahora, parece esperar impaciente el resultado de una batalla presumiblemente épica, hermosa, entre un colombiano y un argentino. O lo que es lo mismo, entre los máximos estandartes de dos escuadras que tienen ganas de demostrar que ellos, como los controvertidos neutrinos, pueden poner el Universo patas arriba.

domingo, 1 de mayo de 2011

Y por fin... el último clásico




Dos días. 48 horas es lo que falta para que el balón comience a rodar en el Camp Nou en un partido especial ya que (¡por fin!) es el último clásico de los cuatro en estos últimos 20 días y porque es de Champions, el partido que dará a un finalista que, seguramente, se enfrente al Manchester United de Rooney y Chicharrito.

El Barça parte con ventaja por el 0-2, pero cuidado. Más por culpa de los medios deportivos que de la realidad, si al Barça le daban como claro favorito para ganar la Copa, tras la victoria agónica del Madrid los papeles se invirtieron. Parecía que los blancos ya tenían el partido ganado y, nuevamente, el Barça impuso juego y goles.

Tras cuatro días del partido de ida de Champions me quedan pocas ganas de hablar del esperpento que se sigue viviendo en las ruedas de prensa y ahora en los despachos. Lo que tiene ser acérrimo de un equipo, de cualquier equipo, es que siempre veremos la botella medio vacía cuando ocurre algo en contra de los intereses de nuestros colores.

Pero hay ciertas cosas que unos y otros no podrán negar. En este caso es que Mou planteó un partido de 0 a 0. Lícito, por supuesto, tal y como hablaba con mi amiga y compañera de blog, Ana, cada uno es libre de hacer el planteamiento que crea oportuno y en este caso la idea era clara: jugar como jugó el Inter la temporada pasada. Pero el problema es que de los errores se aprenden y el Barça también sabe aprovechar sus ocasiones.

No fue un partido de lucimiento azulgrana. Ante un equipo que se mete atrás y con tanta calidad pocas filigranas se puede hacer, pues hay que dejar paso a la efectividad y al movimiento de balón rápido para que el contrario se canse y cometan errores.

Y así fue. La primera parte terminó empate a cero, pero con dos ocasiones claras de un Messi que ya avisaba de sus ganas de salir por la puerta grande y de un Xavi que parece se multiplica por el campo. Y tras el descanso, los goles. El Madrid empezaba a dar síntomas de cansancio y, si juegas sólo a defender ante once chicos bajitos y rápidos lo normal es que tarde o temprano metas una patada de más.





No sé si Pepe toca o no a Alves, como si fueran realidades virtuales, por la web circulan vídeos para todos los colores y a mí me da cierto miedito que la realidad cambie o no según haya un frame de más o de menos ¡qué pavor! Lo cierto es que según el El International Football Association Board (para entendernos, los que ponen las reglas de juego de este deporte) se dice: "Cualquier entrada que se considere que ponga en peligro la integridad física de un adversario será considerada juego brusco grave. A partir de ahora, los oficiales de partido deben mostrar la tarjeta roja a los jugadores que hagan entradas peligrosas por delante o de lado" (esta última es la de Pepe).


Y ahora me dirán ¿y la patada de Busquets a Xabi? Pues sí, digna también de tarjeta, al igual que el empujón de Manolito a Busquets o el doble pisotón de Marcelo a Pedro dentro del área. Expulsióny penalti. Pero estas acciones que no fueron tipificadas no quitan que la de Pepe, sí vista por el árbitro no se mereciese la tarjeta colorá.


Después de la expulsión la cosa siguió igual. El Barça achuchando y el Madrid sacando agua como podía. Un inmejorable Afellay sustituyendo a un dolorido Pedro sirvió medio gol a un Messi que luego se dio el gustazo de crear una obra de arte él solito (ver anterior post y cuidado con la baba).


Pero el martes será otro día. Como dice Pep si sólo creemos que lo tenemos heho lo pasaremos mal. Yo, por si acaso, ya tengo mi maleta terminada para el partido de vuelta, las camiseta del Barça, la bufanda y mucha ilusión van en ella. Ocho horas de piernas encojidas y una Barcelona para descubrir otra vez. Un Camp Nou mágico, pues es mi primer clásico en directo y muchas ganas de animar. Sigamos haciendo historia y gritemos muy fuerte ¡Visca el Barça!