Como los atléticos últimamente no tenemos mucha actualidad deportiva (que no extradeportiva) que comentar, voy a meter bulla en este santo blog, al hilo de un comentario reciente de un compañero periodista, madridista él, que dice estar tan desencantado con Mourinho y Florentino que hasta desea que SU equipo no gane. “Soy muy crítico y presidentes como Florentino o entrenadores como Mourinho, represores, me hacen no desear éxitos del Madrid”. ¡Ay, Dios mío de mi vida! No sé ni por dónde empezar. Bueno, seguramente disculpando a este colega, seguro que no es muy extremadamente y/o excesivamente futbolero que digamos (¿me equivoco? Comentarios más abajo jajaja)
En cualquier caso, el desencanto es algo con lo que los colchoneros nos hemos cruzado más de lo que hubiéramos querido. Por eso me siento en condiciones de hablar de ello. No obstante, el desencanto siempre ha sido futbolístico y también, digámoslo así, institucional. Pero nunca, jamás, desencanto emocional. Nunca, jamás, suficiente como para abandonar a nuestro equipo, sea cual sea el momento deportivo por el que atraviese (prueba de ello es el estadio lleno durante los dos añitos en el Infierno) o la calaña dirigente del momento.

"Lo de los colores futbolísticos pues quizá con algún fármaco pueda pasársele”… queridos amigos, que diría Arguiñano, una de dos: o no sabéis con quién estáis hablando o se cree el ladrón que todos son de su condición. Es que es muy gracioso. Siempre hay algún iluso que parece que se está compadeciendo por nosotros los indios, ¡como si hubiera algo por lo que sentir compasión! Ya sé que no era más que un comentario de pasada y probablemente ni vaya en serio, pero me habéis dado la excusa perfecta para recordar las palabras de Santiago Segurola, que ya se refirió a la “naturaleza tribal” del fútbol y, por tanto, al “innoble mestizaje que consiste en defender los colores de un equipo” algo que, sin embargo, no caracteriza a todas las hinchadas y que, no obstante, es la razón de ser de este deporte. Segurola lo sabe: “El principio de lealtad impregna al verdadero hincha desde que nace, principio que es como el amor de madre: ni se compra ni se vende”. Y lo dice un seguidor rojiblanco, pero del Athletic. Son palabras mayores.
Por eso me divierte tanto este dimorfismo reinante en la especie vikinga: o se es un pasota del tipo “no me gusta el fútbol pero soy del Madrid”; o un acérrimo merengón al más puro estilo “el Madrid es el mejor equipo del mundo y siempre lo será, 9 copas de Europa , ¿tu cuántas tienes?”, más típico todavía. Y ahora de repente me topo con un madridista desencantado. Como esos hay pocos, pero yo es que prefiero al púgil petulante que alardea de palmarés antes que al aficionado que prefiere ver perder a su equipo, sea por la razón que sea.
‘Y la afición a tu lado, porque cree en el milagro del balón enamorado’. J. Sabina.