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jueves, 7 de abril de 2011

Más dentro que fuera

lavanguardia.es
   Al bueno (o extremadamente bueno, matizaría) de Pep hay que hacerle caso sólo a veces. ¡Qué sano es filtrar! Sobre todo cuando un entrenador que intenta conservar un perfil medio en una plantilla cargada de estrellas se descuelga con ciertas frasecitas en ocasiones. En éstas, me acuerdo de cuando Florentino y Valdano hablaban del cambio de librillo que necesitaba el Madrí y por eso buscaron a Queiroz como recambio de Del Bosque, otro tipo de perfil bajo como acuñó el argentino…Vaya tela…En fin, a lo que iba. Pep en la rueda de prensa del martes soltó sin más ni más que veía a su equipo “más fuera que dentro” de las semis de Champions. ¡Ay, Pep, Pep!, esas estrategias disuasorias y una pizquita victimistas no parecen propias de él. Lo llega a decir Mou y se lía parda. Pero en fin, fue una boutade visto lo visto anoche en el Camp Nou, la goleada sin peros que los culés metieron al Shakhtar-Donetsk ucraniano.
A falta de los otros 90 minutos de la vuelta la semana que viene y, aunque decirlo en unos cuartos de Champions es una temeridad, el pase a semis lo tienen prácticamente certificado. Como también lo tiene el Madrí y casi casi el Schalke 0.4. Los tres equipos están “más dentro que fuera”. Digo lo del casi casi en el supuesto alemán porque el Inter es el Inter y es el vigente campeón europeo así que darlo por muerto, aunque lo parezca, es algo arriesgado.


   El Schalke nos dejó petrificados con la manera en la que plantó cara a los interistas durante todo el partido, teniendo en cuenta que se le puso cuesta arriba desde el SEGUNDO 25 (¡sí, oiga, 25! Uno de los más rápidos, si obviamos, por ejemplo, el de Ronaldo al Atleti en la Liga de 2003 cuando marcó a los 16 segundos :p). Y cómo desarmó a una defensa que fue descomponiéndose poco a poco con cada arreón blanco (era la segunda equipación germana…casualidades de la vida…), tanto que se metieron hasta en propia puerta. Fue un equipo con fe y empuje, capaz de empatar dos veces, que se puso por delante con golito de Raúl (aumenta sus números y marcó por primera vez en San Siro) y puso el broche final con un espectacular gol de Edú que se revolvió y se sacó el balón en un chutazo. A un paso de hacer Historia metiéndose por primera vez en semis de esta competición. Tuvieron un mérito terrible y me parece justo certificarlo porque, para qué negarlo, nadie dábamos un duro por ellos. Y sí, no es para nada extraño ni penoso para el madridismo, como escuché en algún medio el martes, que la noche en que ganamos también nos acordáramos de Raulito y sus compañeros y lo festejáramos. No es excluyente. Lo segundo es parte de un todo que es lo primero. Doble victoria la nuestra, doble alegría.

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   Y para rematar el leit motiv de este post, el “más dentro que fuera” esto incluye también, por supuesto, al Madrí. Aunque, cuidado, no hay que confiarse porque restan 90 minutos y fuera de casa pero, sería de falsa modestia (un sabio arte mejor manejado en tierras blaugranas que en las blancas) decir que no la tenemos en el bolsillo y que no está casi conseguida. Y es que un X-File a lo Mulder y Scully tendría que suceder para que un equipo que se mostró tan débil desde la expulsión justísima de Crouch, sin prácticamente crear peligro en el área blanca, pusiera en jaque el encuentro a vida o muerte de Madrí y Barça en Europa.
Victoria merengue incontestable la del martes, sí, en cuánto a contundencia goleadora y posesión de balón pero sí que tengo que contestar algunas cosillas que no me gustaron. Sí, puede hacerse crítica después de un 4-0 de cuartos. No me gustó su juego, empeñado en desaprovechar las bandas y en jugar en corto y raso por el centro del área pequeña de los ingleses que estaban todos metidos atrás. Hasta Carlos y Camila debían de estar ahí aún, porque, ¡qué de gente! Y el Madrí empeñado, en vez de levantar balones desde las bandas o incluso desde el borde del área pequeña para que los remataran de cabeza. Y menos mal, les dio por hacerlo y Manolito vio puerta y justamente de cabeza, como en su primer y tempranero tanto.
Echo de menos, me repito, puede, pero es así, a los carrileros de toda la vida que corrían, driblaban, seguían corriendo y centraban para que el elegido se elevara y ¡zass, en toda la red! Pero esos seres son extraños en nuestros tiempos, en el fútbol en general y en el madridista en particular y, es desolador encontrarse una banda derecha VACÍA y desaprovechada como sucedió el martes. No sé si sea cuestión de que no tenemos ese perfil de jugador en nuestras filas o que los que pueden ejecutar esa labor están fritos físicamente por la acumulación de partidos, véase el caso de Özil o Di María. Pero cubrir los huecos y sacar el mejor provecho de las zonas del campo es responsabilidad del entrenador así que espero que Mou se ponga las pilas en este asunto. Los dos últimos goles sí llegaron del lado derecho pero no de jugadas clásicas de banda si no de zambombazos como el más suave de Cristiano que el portero inglés se comió y sobre todo el de Di María que reunió las pocas fuerzas que le quedaban para darle al balón un efecto visual semejante al de los chutazos que se sacaba Oliver en aquellos míticos dibujos y, colaborar a engrosar la euforia blanca.
   Y no quiero acabar el post sin decirlo: quiero a un mediocentro organizador para este equipo. Quiero un centro del campo que juegue y no sólo que corte y enlace líneas como pueda hacer Xabi Alonso. Me gustaría tenerlo antes de los 4 choques contra el Barça que tendremos próximamente, a uno por semana, ¡madre mía! Pero creo que me voy a tener que conformar con portar un cargamento suficiente de Valium y Lexatin.
Ya se sabe, los problemas derivados del “más dentro que fuera”. :)



Pd: Por cierto, como he mencionado antes el tempranero gol de Ronaldo ante el Atleti, aquí os lo dejo para que lo disfrutéis jeje. Isa, ¡va por ti! :P  http://www.youtube.com/watch?v=TFdRdMIMX-E

martes, 5 de abril de 2011

¡No sin mi bufanda! (Vol. II)



Aquí os dejo la foto de mi querida bufanda, que el sistema no me ha dejado incluirla en el post anterior. Es parte de mi homenaje a ella. J

¡No sin mi bufanda!

“Es caprichoso el azar” cantaba Serrat en una de sus grandes canciones. ¿Y por qué me acuerdo hoy de ella? Porque iba a escribir un pequeño post a modo de previa de los cuartos de final de Champions que hoy enfrentan a Madrí y Tottenham en el Santiago Bernabeu y, me he acordado de la suerte. Y alguien se puede preguntar qué demonios pinta ella en una eliminatoria de tanta enjundia pero, ahí está, es un elemento esencial en el balompié y me atrevería a decir, en la vida, así que puede influir, y mucho, en un partido como el de esta noche. La pelotita entra o se marcha rozando el travesaño por una mano postrera. La pelotita rebota en el poste y entra o, rebota y sale desviada. La pelotita es tocada por un defensa que colocó mal la pierna y no pretendía ser el protagonista de la noche pero lo fue. La pelotita le cae a un jugador que no se la esperaba y, casi bendecida por los dioses, la chuta sin saber cómo y resuelve el partido. Etc. Esto me recuerda a aquella escena de la peli “Match point” en la que el protagonista lanza unas joyas al Támesis con la mala fortuna de que todas caen al río menos un anillo, que es rebotado y cae en la calle, DENTRO. Match Point. Bola de Partido.
Sí, la suerte está en todos los deportes como lo está en la vida.
   Divagaciones aparte, siento la noche de hoy como una de tantas de ilusión y nerviosismo que nos conducía hacia la gloria de la consecución de Copas de Europa hace no tanto tiempo. Para una madridista, quizás sí, demasiado tiempo. Noto la misma hambre de orejonas que antaño y, precisamente, en aquellas grandes noches de esperanza y demasiados nervios en cada eliminatoria, yo seguía un ritual, mi ritual personal que para mí daba fuerza, una fuerza casi mística, a los jugadores. Esto era enfundarme en mi bufanda, esa bufanda que me ha acompañado en tantos buenos y amargos momentos. Mi compañera. Es ya una veterana. La recuerdo no desde siempre pero sí desde que tras un partido mi hermano la trajo a casa. Por derecho ya es mía, la he sudado más que ningún otro jugador blanco haya sudado su elástica. Y me gustaría rendirle un homenaje hoy, porque sin su ayuda puede que hubiéramos conseguido igual las 3 Champions League que he vivido pero, seguro, que no habría sido tan especial jej.
   Escuchaba ayer a Juan Ramón Lucas y los tertulianos de su programa radiofónico “En días como hoy” (Rne) en un debate que tenían acerca de las supersticiones, con la participación del reputado psicoterapeuta argentino Jorge Bucay. Desde oyentes que llevaban tres años examinándose con la misma chaqueta sin ser lavada por miedo a la pérdida de poderes, a otros que no dejaban nunca el bolso en el suelo porque el dinero escapa de esa manera o, hasta el llamativo caso de un argentino pelirrojo al que insultaban porque en su país trae buena suerte meterse con una persona con esas características capilares. “Las supersticiones funcionan porque uno cambia de actitud, hacia una más positiva y proactiva para que las cosas salgan adelante y, para que la confianza que generan lo ayude” concluyó Bucay. Pues yo confío en mi bufanda y deseo fervorosamente escuchar ese himno de Häendel que es el himno de los Campeones esta noche para enfundármela. Pero, por encima de todo, confío en mi equipo, un Madrí dispuesto a dejarse la piel, como viene haciéndolo todo el año en esta competición, para alzarse con la ansiada Décima.
Habrá quién crea en supersticiones y quién no pero, como diría el famoso slogan: Si algo te funciona, ¿por qué vas cambiarlo? ;)

Pd: os dejo a modo de colofón el fabuloso himno de la Champions, versión de la original composición de Häendel: http://www.youtube.com/watch?v=eYibvh6K1Gc

jueves, 17 de marzo de 2011

¡POR FIN!

 
   “Y al séptimo año descansó”. Por fin, después de seis largas temporadas, a la séptima conseguimos pasar de Octavos en la Liga de Campeones. La Liga de las Ligas. La Liga en la que el Madrid ha sido superior durante muchos años. Sí, señores, utilizo un tiempo verbal pasado porque llevábamos seis años haciendo el mongui (si me permiten la expresión) en la competición de las competiciones y eso para el equipo que cuenta con más orejonas en sus vitrinas era un fiasco. Hasta que llegó el Séptimo año, la Séptima temporada. Siete, séptimo, séptima, un número cargado de simbolismo y de superación para el madridismo: la Séptima Copa de Europa fue la que derribó un muro que parecía insalvable durante 32 años, siete es el dorsal que portaron leyendas blancas y ejemplos de superación y carácter como Juanito y Raúl, siete significa volver a estar entre los 8 equipos mejores de Europa.
   Y por esa senda de superar eliminatorias, los blancos completaron un auténtico tour de force anoche para imponerse al Olympique, su reciente bestia negra continental. Los chicos de Mou salieron con mucho empuje en los compases iniciales del encuentro (los 10-15 primeros minutos), con el machete entre los dientes cual Rambo en las selvas vietnamitas, muy enchufados, presionando muy arriba y con las líneas medianamente juntas (algo poco usual en este equipo que suele dejar huecos, sobre todo en la franja del medio campo). Una vez cumplido ese tiempo inicial el equipo se fue desinflando un poco: pases imprecisos, dispersión, pérdidas de balón por menos velocidad que el rival, sin juego, sin organizador (Özil es un fenómeno pero no tanto un organizador del juego como lo fue Guti o como lo pueda ser Xavi; no todo el juego o los balones pasan por él, pero cuándo pasan, ¡CÓMO PASAN!). Sin centro del campo y con la defensa muy adelantada, tanto que Pepe (¡ay, Pepe, Pepe!) hizo la primera de sus apariciones estelares en la noche de ayer, casi en el círculo central para frenar una arrancada peligrosa. Lo de Pepe, es un tema aparte. Con su renovación in extremis el cuerpo técnico del Madrí debiera plantearse, quizá, algún tipo de técnica o plan (como ya hicieran tras el affaire Casquero) para, sino encauzarle, sí por lo menos evitar que se le vaya tanto la cabeza, porque lo de ayer fue tremendo: 4 entradas desaforadas por las que, inexplicablemente, sólo vio una amarilla.
 
Locuras transitorias aparte, el 1-1 de la ida se antojaba muy mísero viendo cómo se estaba desarrollando el encuentro y cómo íbamos a sufrir de seguir así, de mandar balones al poste como el cabezazo de Kedhira, trallazos de Cristiano, ocasiones erradas por El Gato (gol anulado al filo del descanso, inclusive), la discutible tarjeta a Carvalho al sacar un balón cuando un rato antes a Di María le arrastraron con ambas piernas impunemente (lo del árbitro también caso aparte, sin expulsión a Pepe y pitando faltas indiscriminadamente: unas sí, otras no, como en la recta final de la segunda parte).

   Pero el pícaro Marcelo se acordó de uno de los hits de Céline Dion que decía In a minute it can change your life y en el ‘37 se sacó un jugadón a magnífica pared con Cristiano, driblando a la defensa francesa y soltando un zurriagazo que sólo pudo rozar el meta Lloris antes de colarse. Así, casi por sorpresa, chás, cuando más necesitaba el equipo calma, poco antes del descanso, Marcelito nos la brindó. Ahí conseguimos medio pase para cuartos. Este brasileño, el lateral izquierdo más rotundo desde los tiempos de Roberto Carlos (me atrevería a decir con incluso más técnica que el mítico 3) lleva tres grandes temporadas y ha ido creciendo como futbolista, tanto en habilidad como en fuerza y gol, a medida que también se ha ido dejando melena. "Estamos felices por la victoria, nos viene bien para levantar la moral y gracias a Dios hemos conseguido pasar, este triunfo nos da tranquilidad". Qué humilde el carioca que no reconoció su importancia en la victoria y en el acopio de fuerzas que su tanto dio a la plantilla.
   La segunda parte de la contienda fue un monólogo blanco que salió con intensidad, con convencimiento y empuje. Esta vez el equipo sí presionó la salida de balón e incluso arriba, con Benzemá como cabecilla. Dos claros ejemplos: la recuperación que hace en el campo del Madrí y que llega al área pequeña a base de paredes con Özil mientras ambos avanzan pero que el alemán acaba fallando. El segundo ejemplo es su gol (el 2-0) con su empeño y lucha por el balón delante de un absorto Cris que tardó en reaccionar. Entre las piernas de Lloris, por el hueco más difícil.



El Olympique ya estaba desintegrado a pesar de alguna aislada acción desde lejos de Gomis. Su defensa ya estaba descompuesta, dejando huecos y pasillos ideales para los pases largos y en profundidad, donde sin presión de por medio el Madrí es mortífero. Pim-pam-pum…fuego. Y el latigazo final en las botas de Di María que controló un balón semejante a aquel potro desbocado que no sabe a dónde va que rezaba la famosa copla. La diferencia es que esta vez sí se sabe a dónde iba: iba a la portería y directamente hacia los cuartos de final.
   "Algún día teníamos que pasar, lo que no era normal es que no pasase el Madrid” puntualizó Mou en la rueda de prensa posterior antes de soltar una de esas grandes frases que enmarcan periódicos, corchos de habitaciones, blogs, tweets, etc. al justificar la alineación de un Cristiano no recuperado para la contienda: “El fútbol es como la vida: vive hoy, que no sabes lo que pasará mañana”. Bueno, mañana, por de pronto, será el sorteo para la siguiente ronda, un sorteo en el que ningún madridista-no-enajenado-totalmente-por-la-alegría-de-anoche quiere cruzarse con el Barcelona, pese a que haya otros clubes fuertes como Inter o Manchester. Aunque al entrenador luso le diera cosa confesarlo. ¡Pillín! jeje. En cualquier caso, Carvalho tiene razón afirmando que no es tan importante el rival como hacerlo bien.
   Sea como fuera y toque quién toque mañana, yo hoy tengo los chakras (centros de energía del cuerpo humano) alineados, que por cierto, son siete también. J